Jornada 13, sesión de escoba.

17 Ene

Sí señor, el día en que se alineaba mi dorsal con el número de jornadas, el día que nos enfrentábamos a uno de los rivales con los que tenemos que competir y a los que podíamos haber adelantado, ese día no jugué.

El jueves en el entrenamiento tuve un golpe que aún me lleva por la calle de los mareos y de los constantes dolores de cuello, un compañero pagó su mala semana con una entrada que disculpo aunque no entiendo. Es una ley no escrita en el baloncesto, no se toca en el cuerpo a quien está saltando. Esa ley fue rota y el resultado fue una caída de espaldas en la que lo primero que impactó en el suelo fue mi pelada cabeza y después mi mano derecha. A eso hay que sumar que los Pancers no jugamos en maravillosos campos de parquet ni nada por el estilo, lo nuestro es un polideportivo de cemento con techo para que la humedad de las noches no acabe con nosotros, con lo cual la brecha fue inevitable.

Mi ánimo al salir de la pista era jugar el sábado y en caliente creo que lo habría hecho pero el viernes me dolía todo. El cuello, la mandíbula, los dientes, la muñeca, el hombro, era complicado determinar que era lo que más me molestaba, pese a todo salí a correr a mediodía tal y como tenía previsto, aunque el ritmo no fue el mismo que si hubiera estado bien.

El sábado por la mañana, cogí las fichas y me fui al partido a ejercer únicamente como capitán y entrenador. Fastidiado por no poder jugar pero pensando en ganar el partido, cogí el coche y me fui para el pabellón donde jugábamos.

Después del ritual del vestuario y el calentamiento, el balón subió hacia el cielo y comenzó la guerra. Una vez más éramos pocos jugadores pero había más optimismo del habitual, el buen partido anterior había servido para dar algo de moral después de tanta derrota.

El primer cuarto fue un desastre en ataque pero muy acertado en defensa y sirvió para acabar muy cerca en el marcador. Fue un espejismo porque en el segundo cuarto apareció un factor que hasta ahora había permanecido en un discreto segundo plano.

El segundo cuarto lo jugamos a ritmo de pito, si le dan unos timbales al anotador, el árbitro comenzó su particular samba a ritmo de técnicas y faltas, dejándonos inéditos en ese cuarto.

El tercer cuarto no desmereció al segundo y de nuevo la sesión de silbato fue intensa. Pese a todo, hicimos un par de esfuerzos más que notables para acercarnos que se quedaron en nada gracias a los esfuerzos de nuestro nuevo rival.

El cuarto cuarto fue un lamentable trámite con un juego trabado y en ocasiones sucio por nuestra parte, ya que daba igual hacer o no hacer una falta porque la iban a señalar igualmente.

Afortunadamente todo se acaba, hasta lo malo, y el pitido final nos permitió relajarnos un mínimo. Echarle las culpas al árbitro siempre es fácil y cómodo pero en este caso eran más que justificadas. No sé si hubiera sido posible la victoria en otras circunstancias pero lo bonito del deporte es que siempre te brinda una nueva oportunidad a los pocos días, esta semana jugamos un nuevo partido en el que demostrarnos que esto sólo ha sido un tropiezo y que nuestro nivel de juego y mental está por encima de lo que hicimos el sábado pasado.

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