Miradas

29 Sep

Debe ser duro ser el centro de las miradas que desprecian. A ninguno nos gusta serlo pero no tenemos reparos en cambiar de acera si vemos a un discapacitado psíquico. He convivido con uno durante toda mi vida y he sido testigo de burlas y miradas de repulsa. Cada vez menos pero sigue pasando.

Cerca de casa hay un centro de día para estas personas. Allí hacen pequeños trabajos, aprenden a ser un poco más autónomos y se distraen en un entorno que es totalmente amigable. También he tenido la suerte de trabajar en uno de esos centros durante una temporada como voluntario y conozco la experiencia de primera mano. He sentido el cariño y el agradecimiento absoluto de gente a la que le basta con que les mires y les sonrías para sentirse bien, gente que reparte afecto constantemente a cambio únicamente de no sentirse rechazados.

El otro día volvía a casa por el camino de siempre, después de dejar a mi hijo en el cole. La verdad es que estoy rodeado de colegios por todas las partes, incluso una universidad, y las horas de entrada y salida son un hervidero de gente por las calles. Iba como siempre, con mis auriculares, mi rock matutino y mi paso acelerado para no llegar demasiado tarde al trabajo. Habitualmente me cruzo con un discapacitado (Manolo) y en base al punto de encuentro ya sé si voy bien de tiempo o con retraso porque el tío es un reloj. Los andares de Manolo son bastante peculiares, utiliza un bastón y no se sabe muy bien si camina hacia adelante o a los lados del balanceo que lleva pero es tan educado que es capaz de estar parado varios minutos en un sitio estrecho para no molestar a quien se pueda cruzar con él. Pues ese día yo iba con retraso y vi a Manolo subir por la calle que lo llevaría hasta el centro, sólo lo separaba cruzar una calle más y en la siguiente esquina torcería a la izquierda y en unos pocos metros tendría la entrada.

Pero se equivocó.

Iría despistado, el montón de gente que lo adelantó lo mareó o vete a saber pero giró por la primera esquina en vez de la segunda y tras unos pasos se quedó parado en medio de la acera, vacilante, mirando a todos los lados sin saber muy bien donde estaba hasta que pasados esos segundos (que a él imagino que se le harían eternos), se ubicó y giró en redondo para cruzar y seguir por su camino. Al hacerlo se acercó “demasiado” a una pareja de jóvenes universitarios. Ella puso cara de terror absoluto y él de asco infinito, en ese instante el odio me invadió de nuevo. Dos jóvenes que estudian en una universidad “católica”, que deberían ser el paradigma de ayuda al prójimo y todas esas cosas que tanto gusta vender a los curas desde su altar y su sotana, que son gente formada y de una generación de mente más abierta me daban el peor ejemplo posible.

Manolo se trastabilló al irse hacia atrás, se sintió agredido y tras lanzar una mirada que mezclaba tristeza e incomprensión se apoyó en la pared y esperó que se alejaran. Me dijo algo en su valenciano incomprensible si no le prestas toda tu atención, le contesté dándole la razón y continuó su camino, como cada día, sin molestar y esperando sólo que lo traten sin miedos, con respeto, como uno más.

“Ae, ins fillseputa ed dudto que n’han donat” “Sí Manolo, molt fills de puta. Et trobes bé?”

“Alex, qué hijos de puta el susto que me han dado” “Sí Manolo, muy hijos de puta. Estás bien, no?”

Para muchos, Dios nunca estuvo de nuestro lado. Y no parece que vaya a estarlo.

Pdta. Manolo es un chico al que conozco de toda la vida porque vive con sus padres cerca de donde yo vivía con los míos. Tiene cuarenta y un años. Podría ser yo…. podríamos ser cualquiera. Mejor pensar antes de mirar.

Anuncios

7 comentarios to “Miradas”

  1. BkindZanks 30/09/2012 a 21:33 #

    Qué duro… qué duros ellos al soportar algo así con toda la dignidad posible. Es en estos momentos cuando me pregunto qué derecho tenemos los demás a quejarnos de nada.

    Esta semana que acaba, en el trabajo, después de charlar un buen rato con un chico por teléfono que me pedía información, me preguntó por la accesibilidad. Absurdamente, pensé en responderle las estaciones de Metro que quedan cerca, pero frené… y le dije que no había ascensor hasta el segundo piso.

    Más serio que al principio, me explicó que estaba en silla de ruedas y que le era imposible acudir… me sentí fatal y se lo conté a mi compañero.

    Como le decía a él, si a la situación de por vida que tienes (con esa noción de falta de autonomía) le unes estas trampas en forma de rechazo, ha de ser tremendo. Siempre lo he visto así… y recordé que cuando daba clases de inglés a chavales en el cole, removí Roma con Santiago para que nos prestasen un aula donde una de las niñas (en silla de ruedas) pudiera venir.

    Nos hicimos con la sala de profesores. 😉 No ganaremos la guerra, pero hay pequeñas batallas en las que sí podemos truinfar.

    Muaks!

    • alcaval54 03/10/2012 a 12:21 #

      Pues la verdad es que sí que son duros, si no lo fueran no aguantarían demasiado sin hundirse.

      La situación de los discapacitados físicos es durísima pero algunos discapacitados psíquicos se ven encerrados en cuerpos que no responden a lo que ellos quieren. Conocí a un tío con parálisis cerebral infantil que se pasaba el rato sonriendo, no se podía mover de una silla de ruedas que era incapaz de manejar por sus problemas. Le pregunté un día por qué estaba siempre sonriendo y me dijo que porque le costaba lo mismo que estar enfadado y porque al menos estaba lúcido y podía jugar a la boccia. Compitió en los parálimpicos de Sidney y Atenas, antes que su corazón dijera basta.

      La verdad es que no tenemos vergüenza de quejarnos.

      Besos.

  2. SoyTequila 03/10/2012 a 11:03 #

    Cuando yo iba a EGB nos pusieron en clase a una niña (bastante mayor que nosotros) deficiente (no sé cómo llamarla en realidad). Todavía me parece increíble cuando recuerdo cómo se emocionaba cuando jugaba con nosotras a cosas “normales” o cuando le hacíamos el favor de desabrocharle el pantalón para que ella pudiera ir al baño, siempre acompañada de nosotras. Para toda nuestra clase era una más, Vicky, la queríamos mucho.
    Ahora, mis hijos van al mismo colegio al que fui yo, y sigue estando enfrente un centro AVAPACE. Ya nos han comunicado que a la clase de mi hijo el pequeño, de 5 años, irá un niño con necesidades especiales, y a mí, me han alegrado. Los niños así aprenden a ser más tolerantes y a entender que, en el fondo, todos somos personas con sentimientos y corazón.
    Besos!

    • alcaval54 03/10/2012 a 12:23 #

      Bienvenida Tequila.

      Pues me parece genial lo de tus hijos, seguro que crecen con una mentalidad mucho más tolerante ante lo que sólo es una alteración cromosomática. Si lo pensamos bien, es tan fácil que alguna conexión falle que cualquiera podríamos estar en su situación. Ole por ellos.

      Besos y gracias por comentar.

  3. Mientrasleo 23/10/2012 a 23:13 #

    Cuando tienes alguien así cerca es tremendo ver como se comporta el resto de la gente… me has puesto la piel de gallina. Y me has recordado un montón de detalles que hubiera preferido olvidar

    • alcaval54 24/10/2012 a 8:57 #

      Tener cerca a ciertas personas te ayuda a tener una visión de las cosas diferente. Lo que no soporto es el desprecio hacia alguien que necesita mucho más cariño y atención que el colectivo sin discapacidad…

      Ultimamente estoy de un blandito con ciertos temas que ya ves.

Trackbacks/Pingbacks

  1. Miradas - Webdis - 25/01/2013

    […] discapacitados « WordPress.com Tag Feed […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: