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365

7 Jul

365 días. Unos 4000 pañales. Más de 1200 biberones. 365 noches mal dormidas. 2200 gotas de vitaminas. 10.000 sonrisas. 30 toneladas de ternura. Millones de besos. Olas de felicidad.

Esa es la diferencia entre el 7 de julio de 2012 y el de este año.

Felicidades María. Felicidades Eva.

Gracias a las dos por hacer que todo sea siempre mucho más bonito.

 

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It’s the end of…

25 Jun

Fuck off

Athens, Georgia, 1987. Un grupo de amigos publica el disco Document y en él incluye un tema que se convierte en mítico con el paso de los años, It’s the end of the world as we know it (And I feel fine).

Burjassot, Valencia, 2013. Le digo a mi jefe que la situación es insostenible y que me voy de la empresa. No es el fin del mundo pero es un cambio importante.

Diez años de esfuerzo, de trabajo hecho a golpe de ilusión, de escuchar a clientes enfadados irse contentos, de aprender más contabilidad que muchos contables. Diez años de escuchar milongas, de ver a un cuentacuentos dejarte a los pies de los caballos para parecer mejor.

Mucho tiempo para resumir en unas lineas. Tiempo para conocer clientes de media España, para tratar con gente encantadora y con otra no tanto. Tiempo para aprender junto a unos compañeros increíbles y también para estar solo con mi jefe y apreciar en todo su significado la palabra incompetente.

Tiempo de promesas rotas, de mentiras eternas y desde hace demasiado de impagos y retrasos.

Y después de todo ese tiempo ahora toca organizar mi tiempo, estudiar un poquito, actualizar conocimientos aparcados y sobre todo disfrutar de mis pequeñas y mi pequeño que son lo único que merece la pena de todo este sacrificio y desgaste que es trabajar.

Querido jefe, ahí te quedas. Que te vaya bonito y yo que lo vea pero de lejos. El 30 de junio se acaba esto y empieza algo mejor, no tengo ninguna duda.

Suerte

12 Jun

No nos damos cuenta, al menos no con la frecuencia que debiéramos ni con la intensidad que se merece que somos un accidente. Tenemos una vida privilegiada gracias a… Que hemos nacido aquí.

Y bueno sí, nuestros antepasados construyeron una sociedad en la que el centro del universo éramos nosotros. Europa. Occidente. El primer mundo. Somos mejores que un somalí? Peores que un sueco? Hay un plus en nuestros genes que nos permita nacer con una esperanza de vida que multiplica por veinte la de casi cualquier subsahariano?

Escuchando el otro día una canción de mi querido Carlos me vino todo esto a la mente. Y mi cabeza que es muy de ir a su bola empezó a hilar ideas, niños, guerras, hambrunas, tablets, smartphones, petróleo, silicio, niños, hambre… Una imagen tras otra saltando y mientras tanto alguien publica un post respecto al tema y encima hoy, hoy es el día mundial contra el trabajo infantil. Un fenómeno que tendría que ser una pesadilla pasada se afianza más y más en los países pobres.

Si no tuvieran eso estarían peor”, he llegado a oír a gente que no se plantea que quizás sería el momento de ofrecer algo más que un sueldo mísero y caridad a los habitantes de esos países que sólo tuvieron la mala suerte de nacer en el sitio equivocado.

Y ya lo dice la canción, “si en el Norte la gloria, si al Sur sólo escoria, hasta el día del juicio final“. Os dejo con uno de los mejores temas de Revólver en su versión acústica, la eléctrica no la he encontrado pero merece y mucho la pena.

The shooter

10 Jun

El chico se acercó a la línea con la mirada fija en el techo del pabellón. No había mirado el marcador en todo el partido pero ahora era incapaz de despegar la vista del tanteador, si el tiro hubiera entrado ya no habría que preocuparse pero se había desviado con la falta.

Tres tiros libres eran la distancia a recorrer para ganar el partido, para seguir soñando con un título más que deseado.

Tres tiros sencillos para alguien acostumbrado a lanzar con un defensor encima y un par de metros más alejado, sencillos para alguien que no había fallado ninguno de los anteriores en ese mismo partido, muy sencillos para quien no tuviera clavados los ojos en el marcador y en los dos puntos de desventaja, más sencillo si al mirar a los lados de la zona hubiera algún compañero animando.

No, no iba a ser fácil respirar, tragar saliva y lanzar esos tiros sin nadie esperando el fallo porque el cronómetro estaba a cero.

Giró la vista al árbitro de fondo que tenía el balón en una mano y la otra levantada. Lentamente clavó su pie derecho justo antes de la línea y cogió el balón, tres botes, soplido, tres botes, mirada al aro, tres botes más y el balón listo para salir volando a su objetivo,el mismo ritual de siempre y el balón dentro.

Giró la cabeza de nuevo al marcador y vio subir el punto que acababa de anotar, luego miró más allá y vio a su entrenador y compañeros celebrándolo y dándole ánimos, pasó la vista por el banquillo rival y sólo vio expectación ante el inminente segundo lanzamiento, en la grada mientras tanto se sucedían los gritos de ánimo y los abucheos habituales.

Mismo ritual y el balón dentro de nuevo, un escalofrío recorrió su espalda cuando el balón tocó en el aro y el suspiro de alivio fue tremendo al ver que finalmente entraba. Mirada al marcador y el empate debía relajar los nervios, tiraba para ganar.

Sólo podía ver el aro, no oía nada pese a que en el pabellón habría no menos de mil personas dejándose la garganta. El árbitro le lanzó el balón y entonces lo notó.

Notó como sus brazos se volvían dos trozos de hormigón, notó su saliva tan densa que era imposible tragar, notó su corazón latiendo desbocado, notó la soledad del tirador que tantas veces le habían contado. Respiró hondo y sintió el aire que entraba y salía, cálido y acre por el sudor. Cerró los ojos y parpadeó lentamente, tal y como había hecho mil veces en situaciones parecidas pero es que jamás se había jugado tanto en un solo tiro. Repasó el gesto, la mecánica y vio su brazo estirándose y lanzando el balón en una curva perfecta hacia la canasta. Repitió su ritual y el balón voló al aro….

De pronto el griterío era ensordecedor, los dos banquillos parecían petrificados viendo la pelota surcar los cinco metros de recorrido y él mantenía el brazo en alto con la muñeca suelta y el dedo apuntando al aro, un tiro perfecto, de manual.

Os habéis jugado alguna vez algo de una forma parecida?

Indignante

20 May

Y no, no es nada relacionado con el aniversario del 15M ni el movimiento “indignado” que se generó a su alrededor.

Después de más de media vida entrenando equipos, de haber trabajado con críos desde bien pequeñitos hasta que algunos de ellos se marchaban a un club más competitivo, de haber compartido confidencias de adolescentes y haber acudido a la boda de alguno de ellos, así es como me siento ahora…. INDIGNADO.

En el deporte de base hay una máxima, la diversión te lleva  a lo más alto. Disfrutar de un deporte es el primer paso para poder llegar a hacer algo en él, nunca es al contrario… jamás. Desde mi primer entrenador de balonmano hasta el último NBA al que asistí en algún campus lejano. He tenido la suerte de tratar con gente que tenía clarísimo como trabajar la cantera, como mantener la ilusión de un niño hasta que se convierte en una leyenda. Uno de mis entrenadores fue Isma Cantó y de siempre decía que los equipos de base no los tienen que entrenar jóvenes con poca experiencia, hay que mimarlos con entrenadores que sepan aportar a los niños lo que realmente necesitan.

Un entrenador inexperto puede perder el norte y pretender ganar en vez de formar y eso a corto plazo puede ilusionar a unos pocos pero desmotivará al bloque. Un entrenador sin la cabeza bien amueblada puede olvidarse de formar un grupo y premiar las individualidades. La experiencia en el manejo de un colectivo es fundamental siempre pero cuanto más sensibles son las personas con las que se trabaja, más aún.

Y dicho todo esto… Indignante es jugar con la ilusión de un niño de seis años. Mucho más indignante es quitársela en pocos meses. Indignante es ver que cualquiera puede ponerse a dar gritos desde un banquillo y dar el peor ejemplo posible. Indignante es que un deporte de equipo se convierta en un duelo de egos en el que si no participas quedas totalmente excluido.

Después de seguir durante esta temporada los entrenamientos y partidos de mi hijo (el cual ha decidido libremente jugar a fútbol en vez de basket) he ido comprobando que en ocasiones las personas no sólo son sordas si no que además pueden llegar a ser idiotas. No creo que esté en posesión de la verdad ni de la sabiduría absoluta pero sí que tengo suficientes conocimientos para valorar ese tipo de trabajo y ver que el resultado final sólo podía ser malo o pésimo.

De momento, mi hijo que destilaba ilusión y ganas en septiembre dejó de tener ilusión en febrero y las ganas se le fueron la semana pasada.

Indignante.

Por la noche

28 Feb

Tic-tac, tic-tac. La respiración profunda de mi mujer, dormida aún más profundamente. Mi hijo murmurando en sueños un ataque Pokemon. Mis hijas en la habitación de enfrente chupando sus chupetes o lo que les caiga cerca de sus manitas. Los vecinos de al lado pegando un polvo que intenta ser silencioso y que la sonrisa de ella a la mañana indica que acabó bien. La cisterna de arriba recordando que alguien se ha tenido que dar un paseo al baño.

Los sonidos llegan desde cualquier lugar de la casa y mi insomnio se frota las manos. Tiempo de imaginar, de estar expectantee ante cualquier pequeño movimiento de María o Eva, tiempo de dar vueltas a mil ideas que se desvanecen cuando se cierran mis ojos.

Soñar, levantarse intentando no tropezar con nada, encontrar un chupete extraviado en medio de la penumbra, cambio de pañal en tiempo record, biberón/es y a intentar dormir un poco, unos minutos seguidos al menos.

Seguro que la noche está llena de silencio?

Los NBAs

19 Feb

En mis tiempos de instituto, qué lejos que suena eso, había un grupo al que conocíamos como “los NBAs”. Eran los momentos del desembarco tímido de la mejor liga del mundo en Europa, los más frikis nos matabamos por una cinta de vídeo resumen de la temporada 1984-85 y para la mayoría eran unos desconocidos. Ramón Trecet nos acercaba la madrugada de los viernes a las estrellas al ritmo del Faith de George Michael y nos hacía soñar con visitar esas canchas míticas disfrutando de los mejores.

Mientras los mortales nos esforzábamos en tocar un aro inalcanzable, los NBAs practicaban los últimos giros de Wilkins y el último lanzamiento extremo de Jordan para restregar al resto una canasta, más afortunada que otra cosa, entre cien intentos. Ese era el objetivo, restregar al resto un aro pasado afortunado antes que reconocer que su baloncesto no iba más allá.

Fueron pasando los meses y las sesiones de salto iban empezando a dar sus frutos, ese aro tan alejado comenzaba a ser un blanco fácil de las manos en alto y en poco tiempo se veía superado sin demasiados problemas. Al finalizar la temporada resultaba sencillo matar el aro si no había “tráfico” por el medio. Durante años siguió resultando sencillo, hasta que los kilos fueron pesando, las rodillas empezaron a quejarse a gritos y los años entorpecieron los movimientos lo suficiente como para que el aro volviera a quedar demasiado lejos.

De los NBAs se perdió pronto la pista, cuando el nivel global continuó evolucionando y su única arma era un lanzamiento afortunado, su momento en los equipos en los que jugaban fue pasando y el basket les comenzó a resultar demasiado aburrido.

El otro día estuve viendo un partido de fútbol de mi hijo, nada de basket por el momento. Y sonreí, realmente estaba muerto de la risa por dentro cuando comprobé que en el equipo rival uno de los jugadores era hijo de uno de esos NBAs.

Me acerqué a saludarlo y me reconoció, hablamos un rato y comprobé que el tiempo no cambia a las personas, sólo va acentuando más unos aspectos que otros. Mi ex-compañero seguía siendo el mismo de siempre, gritaba a su hijo para que chutara siempre (daba igual donde estuviera), menospreciaba a los compañeros y rivales… todo seguía igual y seguramente su hijo se volverá un bobo (no se me ocurre nada que no suene mal, así que esto es lo más soft) que se cansará del deporte en cuanto no pueda destacar.

El deporte es algo más que destacar por encima del resto, más aún en un deporte colectivo, hasta en el curling. Las estrellitas de seis años son los que se sienten fracasados con catorce y si miran a su alrededor seguramente tendrán a alguien que les ha mentido, haciéndoles creer algo que no era.

Ya lo pensaba antes, cuando era entrenador, lo peor son los padres…. espero no serlo yo también :S