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Balas blancas

23 Nov

Corren tiempos difíciles, tiempos en los que hay que volver a luchar por derechos que creíamos intocables.

Tiempos en los que acudir a una manifestación con la fiambrera te puede suponer una multa de 300€.

Tiempos en los que alertar de la falta de ética de un programa de tv te puede llevar a la cárcel y a la ruina.

Tiempos en los que recibir varios golpes por defender algo injusto son moneda de cambio. En los que reclamar lo que crees justo te puede costar un ojo de la cara, literalmente.

Tiempos que recuerdan a documentales en blanco y negro, a mayos pasados, a balas y sangre en las calles, a porrazos, a cascos de caballo golpeando el asfalto.

No son malos tiempos para la lírica, son malos tiempos y poco más.

Pero en estos momentos es cuando hace falta levantarse después de caer, poner nervioso al poderoso de la única forma que se puede, por insistencia por desgaste. Porque si no, el desgaste será para nosotros, para los que cada vez nos quedamos con menos, para los que perdemos servicios públicos sin pestañear.

A principios de los 90, Barricada le puso música a muchas de estas cosas. Difícil me resulta ahora no comulgar con cada verso. Así que no os digo más, escuchad (si queréis) y actuad. Nadie va a regalarnos nada y lo que teníamos parece ser que sólo era prestado.

Somos blancos o negros?

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Sigue soñando

28 May

Un tío negro y muy listo dijo que había tenido un sueño, no sé si era negro y listo o listo y negro, el caso es que la gente valoró mucho que él hubiera tenido un sueño. Poco a poco ese sueño se fue convirtiendo en realidad y en su país poco a poco se les fue permitiendo una igualdad que no tendría que haber tardado tanto en llegar. Y se le permitió soñar a mucha gente, se les permitió soñar que vivían en un país, en un mundo igual para todos.

Mientras tanto, mataron a aquel señor, silenciaron a cualquiera que se atreviera a cuestionar el sistema y lo convirtieron en un proscrito, dejaron pasar el tiempo para que todo se anquilosara y fuera inviable cambiarlo. Todos miramos hacia ese sueño de igualdad, de libertad y nos lo creímos. Creímos que era posible avanzar en ese camino y que las diferencias que existían fueran cada vez menores. Seguimos con los ojos cerrados, como buen grupo de avestruces que pensamos que mientras no los abriéramos seguiríamos viviendo el sueño.

Cincuenta años y muchas guerras después, todo sigue igual. Bueno, quizás siga peor porque durante esos cincuenta años nos hemos ido aborregando y asumiendo que lo que nos dicen es la realidad, que ese sueño se cumplió, que todos somos iguales, blancos y negros, ricos y pobres. Algunos nos empeñamos en  mirar asombrados tanta estupidez, tanta ceguera ante lo que es un hecho evidente, cada día somos más y más diferentes. Los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, los excluidos sociales cada vez con menos posibilidades de integrarse, cada uno en nuestro rincón alejado del resto.

Es complicado no caer en un victimismo irrefrenable y echar la culpa a cualquier cosa que se mueva. La culpa, nos guste o no, es nuestra tanto por dejadez y permisividad con todo el sistema como por involucrarnos hasta el fondo en un sistema que nos miente descaradamente.

Las redes sociales se llenan de consignas desde los sillones de casa, desde teléfonos de última generación y eso nos vale a muchos. Hasta dónde hay que llegar para que realmente hagamos temblar el suelo con nuestros pasos? Hasta cuándo permitiremos que la venda siga cegándonos? Cansa tanto hagstag, tanta consigna y tan poco movimiento real. El año pasado era el #15M, ahora es #Bankia, los problemas siguen siendo los mismos y no parece que vayan a desaparecer a golpe de tecla. Hace dos siglos y medio, al pueblo francés se le agotó la paciencia y decidieron que el sistema que había no servía y para dejar claro que no querían ningún parche, desempolvaron un artilugio que aclaró totalmente los conceptos. Hoy en día parece una solución desmedida, que lo es, pero creo que el simple hecho de pensar en ella da muestra del agotamiento que provoca el continuo goteo de parches y soluciones que lo único que intentan salvar son poltronas y sueldos millonarios.

Reincidentes no es uno de mis grupos favoritos pero me encantaría que existiera un lugar así.