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Jornada 23. Retorno mortal

10 Abr

De nuevo fin de semana y de nuevo jornada. Esta vez era hora de ir probando a ver qué tal respondía la pierna a un poco de presión como sólo se puede probar con la intensidad de un partido. La idea era jugar unos minutos para comprobar si la sobrecarga desaparecía.

Antes hubo una sesión de entrenamiento doble, tiro el miércoles y tiro el jueves con un uno contra uno que me permitió comprobar que el domingo estaría listo para jugar. Un gustazo, porque la espera se había hecho más dura de lo previsto.

Y ya sí, ya nos plantamos en el domingo, un buen madrugón para ir activándonos y después de colocar todo en el sitio correspondiente de la pista, jugábamos en uno de los campos antiguos de entrenamiento porque el nuestro estaba ocupado, comenzamos a calentar. El calentamiento fue corto pero me dejó ver que tampoco podría excederme mucho, unos pinchazos en el gemelo avisaban que aún no estábamos listos para grandes retos. Pese a todo, y siguiendo la norma que he tratado de imponer desde el principio de temporada en la que los que entrenan más juegan más, salí como titular en la posición de tres.

Ganamos el salto y comenzó un partido en el que parecía que jugáramos fuera por el cambio de pista. La primera posesión era nuestra y en ella se pudo intuir lo que sería el devenir del partido, buen movimiento de balón, muchos fallos en el tiro, defensa plagada de faltas y una árbitro que no veía ni oía nada. En la primera posesión, contabilizamos unas siete faltas hasta que señalaron una y pese a todo no conseguimos anotar. Visto que el partido iba a seguir un camino muy físico, decidimos que sería mejor aplicarse el cuento y defender muy duro porque ya nos hemos dado cuenta que en esta liga no se puede uno andar con remilgos. El resultado de tanta refriega fue un tanteo muy bajo pero que nos favorecía. El gemelo llevaba ya un rato protestando pero no había mucho donde escoger en el banquillo.

El segundo cuarto fue un calco del primero y el marcador reflejaba una pequeña diferencia a nuestro favor. Había que aprovechar el descanso y salir a matar el partido cuanto antes. Y eso fue justo lo que hicimos en los primeros minutos del tercer cuarto, matar el partido pero en nuestra contra. Una salida catastrófica dilapidaba la escasa renta que habíamos conseguido durante veinte minutos de pelea y nos obligaba a volver a apretar los dientes para ponernos por delante. Al final, conseguimos acabar el cuarto por delante de nuevo pero con una ventaja inferior a la que teníamos cuando comenzó.

Último cuarto y todo por decidir, por nuestra parte el banquillo ya había demostrado que no estaba en disposición de ayudar demasiado y los que estábamos en pista comenzábamos a dar síntomas de estar fundidos. Pese a todo, intentamos conjurarnos para sacar adelante un partido que nosotros solos nos estábamos poniendo cuesta arriba. El último cuarto se podría resumir en una palabra, desastre. Pérdidas de balón infantiles, descolocación en defensa, error tras error hicieron que el partido balanceara hacia el rival primero, se pusiera cuesta arriba después y faltando tres minutos, fuese total y completamente imposible el remontarlo.

A nivel personal acabé muy contento, mi pierna aguantó casi todo el partido en pista y me dio muy pocos problemas, anoté el único tiro que pude lanzar y forcé faltas y busqué buenos pases. En defensa muy bien hasta el último cuarto, en el que la descolocación de algunos, nos lastró al resto. Pese al mes de ausencia, no acusé demasiado la falta de partidos y creo que ahora viene una fase divertida de la temporada en la que espero poder estar a tope.

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Subiendo desde el abismo

24 Ago

Todo aquel que una vez estuvo en forma sabrá a lo que me refiero con esta subida. Es una subida difícil, llena de curvas y obstáculos que la dificultan, haciéndola en ocasiones parecer insuperable. Es la subida a volver a estar en forma, no esa con la que nos autoconvencemos cuando hacemos ejercicio dos días al mes, la de estar realmente en un estado físico bueno…. o muy bueno.

Esa subida empieza con una rampa de un desnivel como la peor del Mortirolo. Es la rampa de la pereza, del ya empiezo mañana sin falta eterno. Los primeros metros en esa rampa te llevan a otra aún peor, las agujetas. Esas agujetas que te rompen las piernas al más mínimo movimiento, los brazos tan tiesos que para rascarte la espalda tienes que recurrir a una pared como un oso.

Una vez superado el primer desnivel levantas la vista y ves que se aproximan unas curvas, no pasa nada ha habido un pequeño llano para reponerse. Te levantas del sillín y encaras con fuerza la curva del hábito, es una curva que parece sencilla de trazar pero que está bacheada, al más mínimo descuido te hace parar y hay que volver a empezar desde abajo. Una vez hemos conseguido el hábito, viene la curva de la intensidad. Esa curva es bastante traicionera si uno entrena solo, es fácil creer que entrenas al 100% lo difícil es hacerlo, en este momento es cuando notas si hay alguien más ayudando en esta rampa.

Tenemos hábito, tenemos intensidad, ahora hay que enfilar la recta  de la progresión. Una recta solitaria en la que las rachas de aire desestabilizan y crean momentos de estancamiento, ahí viene un pequeño repecho, la motivación. Una vez superada la motivación, la recta de la intensidad es nuestra.

Y qué queda? Pues queda esquivar algún que otro obstáculo en forma de lesión que nos pueden hacer caer de nuevo y sobre todo queda mantener todo lo conseguido.

Es duro pero nadie dijo que fuera fácil, sólo que valía la pena.