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Brrr, qué frío

21 Jun

Uno no ha estado toda la vida bajo el paraguas del techo de un pabellón (aunque es donde mejor se está en invierno y donde más blando se cae todo el año), ha jugado en campos al aire libre y también ha practicado muchos más deportes aparte del basket y el balonmano.

Pabellón

Esto de ser tan mediterráneo siempre me ha producido cierta atracción por el mar y, durante algunos años de paréntesis en el basket sumado a que no sé estar quieto, dio como resultado que me metiera en un grupo de natación bastante cañero. Lunes, miércoles y viernes a las 7:00 unas quince personas nos metíamos a la piscina para exprimirnos durante algo más de una hora, la monitora ponía mucho de su parte para que fuera así, con una planificación de la temporada y unos entrenamientos que han hecho que alguno de esos quince se haya presentado al campeonato Master y obtenido buenos resultados.

Pero la piscina, y más la corta, puede llegar a cansar cuando empiezas a acumular kilómetros en los brazos y en las piernas y en cuanto el buen tiempo comenzó a asomarse, empezaron las propuestas para probar con alguna travesía. Mucho respeto al hablar de ellas pero también mucha ilusión y ganas. La intensidad en la preparación se dejaba notar y ya no había día que cayeran menos de cien piscinas, las series se sucedían y el ritmo del grupo mejoraba por semanas.

Piscina

Antes de darnos cuenta ya estábamos en junio y teníamos el primer encuentro con las aguas abiertas, una prueba sencilla de poco más de un kilómetro que tenía que servir para ver si la experiencia valía la pena. Y vaya si lo valió, después de una entrada al agua y primeros metros con algo de miedo a no regular bien las fuerzas, fue llegando la confianza y las brazadas se iban alargando a un ritmo más alto. Antes de lo previsto pasé por el cartel de llegada con la sensación de haberme contenido demasiado, la peor sensación que te puede quedar cuando estás compitiendo a cualquier nivel. Lo achaqué a la inexperiencia y a la inseguridad y me propuse mejorar para la siguiente, porque iba a haber más.

Salida desde puerto

Los entrenes continuaron e incluso aumentamos las distancias y la intensidad, todo con el objetivo de volver a salir a competir y hacerlo mucho mejor. Oliva, Gandía, Valencia…. cada fin de semana había una y hasta dos salidas y las sensaciones mejoraban cada vez más y en el horizonte el reto con el que al principio no podíamos ni soñar, Tabarca. Diez kilómetros por delante en los que el mayor problema residía en que jamás habíamos hecho tantos kilómetros y no sabíamos como iban a respondernos los brazos. El día llegó y nos plantamos en Santa Pola en una mañana en el que el mar parecía un espejo e invitaba a romper su superficie a brazadas.

travesia-a-nado-2012-puerto-de-valencia-7519

Los nervios iniciales se diluyeron entre agua y salitre y las brazadas se iban sucediendo rápidas y potentes para ir dejando atrás los carteles de los primeros kilómetros hasta llegar al primer avituallamiento. Primer error, no parar. Entre los dos puestos de avituallamiento las fuerzas empezaron a esfumarse y el miedo a tener que abandonar fue pesando sobre la cabeza de los que no habíamos parado, poco a poco nos fuimos motivando y conseguimos llegar a trancas y barrancas a la posta del segundo avituallamiento. Paramos, cogimos aire y nos tomamos varios vasos de zumo que nos recargaron las pilas para los tres kilómetros finales en los que había que darlo todo. Al final llegamos a la isla de Tabarca reventados pero felices de haber superado ese reto que por un buen rato parecía que se iba a pique.

Acabar la travesía y comprobar de lo que eres capaz en ocasiones te nubla la visión de la realidad y te eleva en una nube en la que no te corresponde estar, en la que piensas que puedes con todo. Y sin bajarnos de esa nube de adrenalina y endorfinas en la proporción que fuera, nos apuntamos a un triatlón, pero no a uno convencional de esos de playa, bici de carretera y trotecito (dicho todo con la mayor de las ironías que ya se llevan lo suyo). No, nosotros nos apuntamos a uno de montaña que organizaban por Teruel. Dos kilómetros de natación atravesando un lago, cuarenta en bicicleta y diez corriendo que no parecían gran cosa después de las sesiones de entrenamiento que nos habían preparado.

Llegó el día y la primera sorpresa fue al llegar, allí llevaba neopreno hasta el apuntador… hasta el apuntador menos los cuatro “sabios” que no habían preguntado nada a nadie. Bah, el neopreno es para flojos y además es incómodo. Preparamos el material y lo dejamos en los cajetines para los cambios y una vez todo listo y comprobado, nos colocamos los dorsales y nos a la zona de la salida. Para la entrada habían colocado un muelle artificial desde el que tirarse al agua sin tener que entrar corriendo por las piedras y nos subimos cuando faltaban menos de tres minutos. El tiempo parecía no pasar y volvían a aparecer los nervios en esos interminables ciento ochenta segundos.

Participantes, a la posición de salida” y cerca de doscientas personas nos agolpábamos en el borde de los tablones de madera. La bocina dio inicio a la prueba y…. DIOS!!!!!!! Pero cómo puede estar tan fría el agua???? Siento mil agujas clavándose por todo el cuerpo y la sensación imperiosa de nadar rápido para entrar en calor, el dolor de cabeza es tremendo y en ocasiones cuesta hasta respirar. Un kilómetro aún? Esto no se acaba, el dolor parece que va dando paso al cansancio y al menos la sensación es más conocida y esperada. Llegamos a tierra y miramos para atrás, pese al dolor y al malestar hemos salido del agua de los primeros o los que vienen detrás lo de nadar lo llevan mal o somos unos cracks.

Cogemos la bici y salimos a la ruta. Los primeros metros intentando controlar los movimientos, el cambio de agua a bicicleta es tremendo, y cogiendo soltura a los pocos minutos. Pasan los kilómetros y empieza a pasarnos un columna interminable de ciclistas que nos aclaran la pregunta anterior, eran malos nadando pero en el resto parece que son mucho mejores. La ruta no es demasiado dura y llegamos sin demasiados problemas al cambio de elemento. Una silla y un par de zapatillas nos esperan.

La carrera es dura, el cambio de bicicleta a carrera cuesta más de lo previsto y las piernas ya van demostrando el cansancio en unas zancadas pesadas. Sufriendo subimos los repechos que se iban presentando y soportamos las bajadas que iban castigando las rodillas. Exhaustos conseguimos cruzar la línea de meta llenos de orgullo por haber conseguido superar otro tremendo reto en tan poco tiempo.

Ha habido más travesías pero nada de lagos…. Brrrrrr, qué frío!!!

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